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En el espacio público nos reconocemos y reconocemos a la Ciudad. Nos reflejamos en los otros y nos vemos diferentes a los otros.

En el espacio público construimos, día con día, ese lienzo de nuestra historia.

Una calle es tránsito, lugar de encuentro, manifestación, universo por descubrir para los niños, andar nostálgico de nuestros abuelos, espacio de comercio vital, también es la ruta de la sensibilidad literaria

Una calle es la oportunidad para que el poeta desglose su Nocturno a San Idelfonso.

Leamos a Francisco González Bocanegra describir la calle de Roldan, tomando como base la litografía de José Antonio Decaen incluida en “México y sus alrededores. Colección de Monumentos, Trajes y Paisajes…”

“Ese canal que vísteis tan alegre y hermoso en el Paseo de la Viga, presenta aquí, un aspecto triste y desagradable: es que ahí le veías estenderse gozoso en medio de campos esmaltados de verduras y flores, correr á través del valle de México, y aquí le teneis aprisionado, comprimido entre edificios de poco gusto, antiguos y sombrios. Las aguas no son ya cristalinas y corrientes: las veis estancadas, negras, inmundas. El mal olor que á veces despiden, es materialmente insufrible, pues esa parte del canal es el desagüe de todos los albañales del barrio.”

Termina la descripción González Bocanegra:


“Este canal es, sin embargo, muy concurrido; pero no por gente que busca el placer y el aire puro, sino por los vendedores de todas clases”.

La imagen muestra gente que comercia, lanchas con bultos, canastas con productos para venderse, una pintura que era común para esa zona, pero que, curiosamente, le representaba un poco de rechazo a González Bocanegra.


El Espacio Público no es un concepto, es algo concreto al que accedemos todos sin condición previa. Es también el espacio donde buscamos el aire puro y el esparcimiento, comerciar, aprender, encontrar el mejor precio, la mejor oferta.


El siglo XX trajo para la ciudad de México un rechazo por el alto crecimiento poblacional y lo que ello representaba: basura, desorden, tráfico. Lo trajo a principios del siglo XX para el Centro Histórico cuando Porfirio Díaz, buscando crear una “clase” diferente promovió la creación de colonias al Sur de la Ciudad.


Ese rechazo a la Ciudad de México, a su denominado Centro Histórico, fue replicándose. Pero es una especie de amor mal entendido. “Ciudad tan complicada…” dijo Efraín Huerta.


Todos juzgamos al Centro Histórico, pero todos volvemos a él porque hay algo que necesitamos. La abuela de una amiga viene desde Ciudad Satélite por unos botones a la calle de Mesones “porqué ahí si me dejan verlos todos y me atienden bien”, dice.


Hace poco más de un año, en una caminata nocturna, uno de los invitados se sorprendió al ver de noche el Centro Histórico que sus abuelos le habían platicado. “Aquí vivieron”, señaló una vecindad de la calle de Moneda que aún se mantiene en pie.


Dicen los psicólogos que las madres y los padres buscan que sus hijos cumplan una serie de roles: ser buenos estudiantes, buenos deportistas, buenos hijos.


El Centro Histórico es visto o como un heredero o como un ancestro. Quien lo ve cómo un ancestro lo desprecia por su vejez, por la basura y la complicación del tráfico, por la falta de modernidad, como Porfirio Díaz.


Quien lo ve como a un hijo, trata de cambiarlo, que siga pautas que pensamos lo hace mejor. Buscamos hacer del Centro Histórico lo que para nosotros debe ser ideal. Pero el Centro Histórico es el SER que crece, que camina pese a nuestros consejos.


Recurro a planteamientos de Jordi Borja sobre los procesos negativos que afectan la vida de la ciudad y, por supuesto, de nuestro Centro Histórico:

Disolución.- Urbanización desigual, debilitamiento o especialización de los centros.

Fragmentación.- Se multiplican los elementos dispersos y monovalentes, y, por supuesto,

La Privatización.- (Esa tentación malsana).


La idea del espacio público para la Ciudad, y en particular para el Centro Histórico, busca cumplir objetivos claros: accesibilidad, permanencia de las personas, fortalecimiento de la identidad, pluralidad e inclusión y, sobre todo, la superación de la desigualdad.


En tanto la Ciudad construyó zonas donde la accesibilidad económica y física fue planteada para unos, otros grupos de población fueron excluidos.


El espacio público no responde a una diferencia de clase, preferencia sexual, color, cultura o religión.


El Centro Histórico de la Ciudad de México es el ejemplo de que un espacio puede generar igualdad y equidad.


La definición o construcción de un Plan de Manejo del Centro Histórico de la Ciudad de México 2016–2022 constituye una de las estrategias más renovadoras que está incidiendo directamente en el espacio público y en nuestra promoción del espacio como generador de igualdad.


Desde la rehabilitación de plazas y jardines públicos hasta la promoción del Arte en el espacio público, pasando por la definición de señaléticas, banquetas uniformes, accesibilidad para los adultos mayores o las personas con algún tipo de discapacidad, el Centro Histórico es la base de expansión para la apropiación del espacio público por las personas.


El Plan de Manejo publicado en la Gaceta del Distrito Federal en agosto del 2011, señaló como uno de sus principales metas:

“Promover la formación de grupos ciudadanos que colaboren y se interesen por mantener y continuar con el Programa.”

Todo plan de manejo debe tener como base un elemento indispensable: la colaboración vecinal, la socialización y sensibilización de los vecinos.


Durante décadas, los planes y programas se han proyectado mencionando como objetivo el mejoramiento para los ciudadanos. Sin embargo, son ellos, los vecinos, los transeúntes o los visitantes quienes no están incluidos de manera directa en el Plan de Manejo.


Cuando hablo de los habitantes del Centro Histórico me refiero también a ese enorme número de personas que desde las delegaciones o municipios periféricos trabajan o comercian en éste.


Frente a colonias donde la identidad obliga a conservar el patrimonio existente, en el Centro Histórico debemos recuperar el sentido de pertenencia e identidad a través de la promoción del espacio público.


Reconocernos en la presencia histórica de nuestros ancestros nos hará reconocer la existencia del real Ser del Centro Histórico.


La idea del espacio público tiene una reciente vida en los planes y programas urbanos. Las mismas normas carecen de una perspectiva que contemple el espacio público. El espacio público parece un remanente, lo que queda entre los edificios, mientras que nosotros pensamos que es el lugar ideal para construir una nueva vecindad.


El Plan del centro Histórico debe ir a la recuperación de espacios como:

La Plaza del Estudiante.

La Plaza Torres Quintero

La Plaza Loreto

San Antonio Tomatlán y

La Plaza de la Soledad.

Son lugares que abrirán y extenderán la perspectiva del espacio público y la fortaleza del Centro Histórico y donde debe concretarse esa idea de igualdad y equidad.


En el Plan de 2011, se observaba que éste debería contribuir a:

“Que se estimule, por cualquier vía que el Centro Histórico se mantenga en la memoria viva de la población.”


Durante décadas, el cine fue considerado un tema de política nacional. A través de él se trataban de formar nuevos conceptos sobre la sociedad mexicana. Hace poco la revista Algarabía presentó un mapa de los cines que existieron en el Centro Histórico, el número de ellos estaba alrededor de 73. Hoy no tenemos más de 10.


La identidad con el Centro Histórico, en la mayoría de los que estamos presentes, tiene que ver con los cines y hoy parece que no nos importa. El espacio público puede contribuir a la recuperación de esta seña de identidad. El cine como un centro de convivencia y reconocimiento.


El Centro Histórico crece, se desarrolla, en él conviven los personajes más inesperados, mantiene una vitalidad propia que no lo hace hijo o abuelo. Nuestro Centro Histórico es un joven que está buscando la madurez, la madurez que le darán sus habitantes, paseantes, vecinos, comerciantes.


En el Centro Histórico convivimos todos y construimos la igualdad, fortalecemos la equidad y la pertenencia. Esa, esa es la idea del espacio público.


Queremos al Centro Histórico pero también lo odiamos porque no es cómo nosotros quisiéramos. Dejémoslo crecer y reconstruyamos esa identidad y apropiación que lo hace mejor.


Al final, nuestra relación con el Centro Histórico es, como las líneas de Octavio Paz:

“…
un caminar del río que se curva,
Avanza, retrocede, da un rodeo
Y llega siempre”.


José Alberto Márquez Salazar